Es interesante como hace la gente para comprar regalos para cumpleaños por aquí, en especial en cumpleaños de niños. Uno va a la tienda y compra el regalo, y hay una opción de que también te den un recibo a parte de la factura, un recibo del regalo. Entonces uno va a la fiesta y le da el regalo al cumpleañero con el recibo. Entonces la persona tal, si no le gusta el regalo, con el recibo puede ir a la tienda a cambiarlo por otra cosa de igual precio, incluso si el regalo que al final se elige cuesta menos, te devuelven lo que ha sobrado. Es bien práctico el asunto, esto en caso sobre todo que te hayan regalado tres cosas iguales, uno puede ir y cambiar. Y como siempre, uno tiende a comparar el tema como se hace allá en Bolivia, ¿no?, y como que el tema sería medio imposible. En el caso de que uno haya comprado el regalo de una tienda, por ejemplo, la señora qué te va a querer cambiar, te va a decir “pero, ya está medio abierto, está roto en la esquina, no hay devoluciones, no, no, no’, y esas cosas, y si uno ha comprado de la calle o de negocios informales, ahí la cosa se vuelve una aventura, porque ya no es solo el regalo, sino se trata de una búsqueda que puede ser eterna, se trata de ir en busca de la señora, de su puesto, que es justo al lado de la que vende pantalones, antes de doblar a los cotillones, ahí se la encuentra por las tardes, y luego contarle del cumpleaños, y te va a decir, ‘pero ¿por qué no me han invitado?, ¿y la gelatina?’ y uno se queda, en el limbo, charlando de cualquier otra cosa, y encima comprándole algo más… otro mundo.
Impresiones elementales sobre costumbres, contradicciones y curiosidades de la vida en los Estados Unidos
Wednesday, October 22, 2014
Sobre cómo la gente compra regalos para los cumpleaños
Es interesante como hace la gente para comprar regalos para cumpleaños por aquí, en especial en cumpleaños de niños. Uno va a la tienda y compra el regalo, y hay una opción de que también te den un recibo a parte de la factura, un recibo del regalo. Entonces uno va a la fiesta y le da el regalo al cumpleañero con el recibo. Entonces la persona tal, si no le gusta el regalo, con el recibo puede ir a la tienda a cambiarlo por otra cosa de igual precio, incluso si el regalo que al final se elige cuesta menos, te devuelven lo que ha sobrado. Es bien práctico el asunto, esto en caso sobre todo que te hayan regalado tres cosas iguales, uno puede ir y cambiar. Y como siempre, uno tiende a comparar el tema como se hace allá en Bolivia, ¿no?, y como que el tema sería medio imposible. En el caso de que uno haya comprado el regalo de una tienda, por ejemplo, la señora qué te va a querer cambiar, te va a decir “pero, ya está medio abierto, está roto en la esquina, no hay devoluciones, no, no, no’, y esas cosas, y si uno ha comprado de la calle o de negocios informales, ahí la cosa se vuelve una aventura, porque ya no es solo el regalo, sino se trata de una búsqueda que puede ser eterna, se trata de ir en busca de la señora, de su puesto, que es justo al lado de la que vende pantalones, antes de doblar a los cotillones, ahí se la encuentra por las tardes, y luego contarle del cumpleaños, y te va a decir, ‘pero ¿por qué no me han invitado?, ¿y la gelatina?’ y uno se queda, en el limbo, charlando de cualquier otra cosa, y encima comprándole algo más… otro mundo.
Saturday, July 5, 2014
Sobre cómo la gente va a acampar
Tuesday, June 24, 2014
Sobre los campamentos para los hijos en el verano

Tuesday, June 17, 2014
Sobre el fútbol en los Estados Unidos

Tuesday, May 6, 2014
Sobre el guión en medio de los nombres

Mis apellidos paterno y materno están unidos por un guión. No siempre fue así, lo es desde que vivo acá. Mattos-Vazualdo. El guión es una especie de marca textual que señala al que es migrante. Sólo aparece en la escritura. Cuando uno declara su nombre en voz alta, la marca desaparece, o se esconde, se diluye en la voz. Y me he acostumbrado a escribir mi nombre completo así, con un guión. A veces lo repaso sin querer, y me pregunto por qué lo hago. No lo sé. ¿Será que le he empezado a tomar cariño? Las veces que se me ha ocurrido escribir mis apellidos sin él he corrido el riesgo de que uno de ellos desaparezca, o que mi apellido se confunda con mi nombre, o viceversa, todo un desbarajuste. En cierto sentido, el guión es como un candado que uno le pone al nombre para que no se mueva, para que permanezca quieto, cuando se viaja, uno siempre tiene miedo de perder cosas. También podría ser un broche, que le dé cierto toque al nombre, no todos son migrantes pues, uno se olvida a veces de eso. Broche de distinción que uno aprieta y listo, el nombre queda seguro para leerse con propiedad. Claro que también podría funcionar como grillete, como un apresamiento de los nombres, un par de manos, un par de esposas. Nunca me había puesto a pensar que si a los nombres les duele, les lastima el seguro, el broche. Probablemente sí, a nadie le gusta que lo aldaben, especialmente cuando en el país origen no había necesidad de ello, los nombres iban libres, corriendo sin zapatos, y venían siempre cuando uno los llamaba. Esto no es cierto, pero me gusta pensar que sí. Creo que el guión también es un puente que comunica dos mundos, como una cuna en medio de mi padre y mi madre, el refugio ideal. Es el lugar donde de verdad quisiera migrar si es que pudiera hacerlo. Ahí me echo toda vez que observo mi nombre completo detenidamente, imaginando no sólo que estoy sobre el guión, sino que lo soy, con todas sus posibilidades.