
Una
costumbre misteriosa y extraña de por aquí son las tarjetas de agradecimiento.
Costumbre absolutamente ajena a donde vengo. En La Paz, cuando uno le da un
regalo a alguien, ya sea por su cumpleaños o por alguna razón particular
siempre especial, ahí se queda, se dice gracias, un abrazo y ya, el asunto se
cierra ese día. Por aquí, en general, no siempre, pero en general, cuando le das
un regalo a alguien, luego de un tiempo, en el correo te llega un tarjeta, y
uno dice, ‘¿qué será?’, y uno abre el sobre, y en la tarjeta, colorida y
simple, esa combinación siempre difícil de lograr, con letras amables dice
‘gracias por el regalo.’ Y uno se queda pensando, no hay otra, ‘y ahora, ¿qué
hago?, un dilema tremendo, ¿tengo que mandar yo también una tarjeta de
agradecimiento de la tarjeta?’, y uno duda, profundamente duda en mandar una
tarjeta que diga ‘gracias por la tarjeta de agradecimiento.’ Y así, uno se
queda en la duda permanente, hasta que uno aprende que es una costumbre
regular. Por aquí se agradece con tarjetas, por escrito y con estampilla, sino
no es igual. Y claro, uno se emociona ¿no?, no hay cómo no, a uno lo hace
sentir bien la tarjetita, ‘¡he hecho algo bien!’, uno dice ‘y me están
agradeciendo.’ Claro, luego uno entiende que muchas de esas tarjetas más que
afecto son cortesía. No todas, pero algunas. Es bien confuso el asunto al
principio. Y es creo una costumbre difícil de agarrar, que no se pega. Alguna
vez lo he intentado, y he dicho, ‘¿para qué?, ¡si mañana lo voy a ver y le
digo!’ Diferente, y bien curioso el asunto.
