Wednesday, September 30, 2015

Sobre cómo la gente hace sus necesidades


Es bien interesante como la gente hace sus necesidades por aquí, no desde siempre, sino en el último tiempo, algo ha cambiado. Esto sobre todo en baños públicos, es decir, los que no están en domicilios, valga la aclaración, porque baños ‘públicos’, mingitorios, como en otro lado no he visto. La novedad del tema está en la tecnología, si se puede llamar así. Ahora los inodoros vienen con una palanca para soltar el agua, hasta ahí todo bien, la cosa es que ahora hay dos posibilidades, se la puede subir o bajar, dependiendo, ¿de qué?..., exacto, de lo que uno ha hecho o acaba de hacer. Si se ha hecho el uno, la palanca va para arriba, si se ha hecho el dos, va para abajo. Esto lleva a la confusión, porque cuando uno está en uso del artefacto, y uno ha hecho ambas cosas, no es fácil, ¿qué hay que hacer?, ¿hacia arriba o hacia abajo?, ¿dónde está la diferencia?, en ambas sale agua, ¿será que una es más poderosa que otra?, o ¿con más autoridad, tal vez? Y la explicación que hay en la etiqueta arriba del inodoro no es muy convincente, se supone que el agua para el uno es menos, para el dos más, o sale con más fuerza, algo así. El tema es que el espacio como tal, en general concebido sobre todo para encontrar paz y tranquilidad y desahogarse, ahora es un lugar donde hay que tomar una decisión importante de cómo proceder al final de los hechos. ¿Arriba o abajo? Hasta en este espacio, pienso yo, ha llegado el libre albedrío. Es en esos momentos que uno añora el balde de antaño, tan fácil, tan simple y claro, el tiempo cuando no había que tomar decisiones trascendentales en lugares donde no habría por qué hacerlo.

Sunday, June 7, 2015

La teoría del cuarto chanchito o sobre cómo la gente construye sus casas



Es bien interesante cómo la gente construye sus casas por aquí, en especial el material que usan para construir. Estoy hablando de casas regulares, edificios es diferente. En las casas regulares se usa madera prensada, cartón, esponja, plástico. Las paredes sobre todo son de cartón, pero cartón de verdad, bien pintado, eso sí, bien maquillado, pero de cartón, le das una patada o un puñetazo bien dado y se abre un hueco ese rato. Uno se cree Hulk. Es solamente entonces que uno entiende tantas escenas de tantas películas de por aquí, cuando se ve al héroe o la heroína romper la pared para escapar, o romper la pared de rabia, y cuando uno ve dice ‘¡uy!, qué capo, ¿no? qué fuerte, ¡ha roto la pared!’, ¡pero es que son de cartón! Imagino que tiene su lógica, debe abaratar costos, tal vez es bueno para conservar el calor, o el frío, quién sabe. Pero es así, bien diferente a como he visto siempre construir casas, muchas veces a medias, claro, pero otro material, ladrillo, o adobe, estuco, arena, cemento, etc., me acuerdo todavía dándole un puñete a la pared en mi casa para tratar de hacer lo que visto en la tele y nada, solo un grito de ‘¡ayayau! Y uno entiende muchas cosas, especialmente cuando hay incendios y se quema toda la casa de una y no queda nada, papel puro. O cuando viene un viento fuerte, un tornado, y las casas se van volando, como en el Mago de Oz. Y me acuerdo pues inevitablemente del cuento de los chanchitos, que el lobo sopla, ¿no ve? Me hace pensar que a la historia le falta la casa de cartón, la casa gringa. La historia ha ignorado siempre al cuarto chanchito.

Friday, February 13, 2015

Sobre cómo la gente hace cita para el doctor



Es bien interesante cómo hace cita la gente por aquí para ir al doctor, en especial en referencia al tiempo. No sé si habrá cambiado, pero en Bolivia en mis tiempos había que ir a sacar ficha a la caja de salud para ir a ver al doctor, había que levantarse temprano e ir a hacer cola, y si a uno le tocaba ficha uno, dos, tres, era una maravilla, lo peor era que te toque la doce, porque era la última ficha, entonces te atendían al final de la tarde. Pero más o menos se veía al doctor el mismo día, y ese día tenías tus medicinas y todo. Por aquí, eso es más o menos imposible. Te sientes mal, llamas, y la siguiente cita disponible es en tres semanas, o más, si tienes suerte en dos y media, y si necesitas ver a un especialista, eso es peor, en ese caso son meses. Entonces más o menos uno tiene que planear enfermarse, para que así la dolencia coincida con la disponibilidad de la cita médica. Porque cuando uno ve al doctor después de tanto tiempo, uno ya está sano, o muerto, el tema es que ya no se necesita. Entonces ves al doctor y ya no te pregunta ‘¿y qué tiene?’, sino ‘¿y qué tenía?’ La única posibilidad de que te atiendan el mismo día es si vas al hospital, a urgencias, pero ahí ya es diferente, en especial respecto al seguro. Así que es mejor no enfermarse, porque a veces lo peor no es la enfermedad, sino la espera. Claro, depende también de dónde uno esté, en un lugar más pequeño, el tiempo de espera se reduce, en una ciudad mediana hay que nomás esperar. El concepto de tiempo es una de las cosas más diferentes entre aquí y allá.