Friday, February 22, 2013

Sobre cómo la gente toma el bus


Green Mountain Transit reduces some bus service through June - VTDigger

Viniendo desde La Paz, experimentar cualquier sistema de transporte que represente algo de orden es ya toda una experiencia. Por estos lados, el transporte público por excelencia es el bus. En especial en pequeñas ciudades. Diferente es la situación en ciudades grandes, como New York por ejemplo, donde hay buses, muchos taxis, metros y tranvías. Por donde estoy sólo hay bus, hay taxis sí, pero son muy caros, y sólo se los usa para ocasiones especiales, como ir al aeropuerto y cosas así. Los buses de por aquí son grandes y los usan generalmente estudiantes de universidad, o gente con pocos recursos económicos. Porque todos los demás, pero todos, tienen auto. Y no es que quieran tener auto, sino que todo está diseñado para que así sea, desde las calles, autopistas, precios de gasolina y compra de seguros de autos, todos están más o menos obligados a comprar uno. Es así. Casi se podría decir que tomar el bus es más o menos una marca social distintiva. Claro, no siempre, pero a veces es así. Para tomar el bus lo que hay que hacer es buscar el horario y las rutas que hay, para ver cuál tomar.  En el horario, que puede ser impreso o por internet, está claramente especificado a qué hora pasa el bus y por dónde. Y es gracioso eso. Por que en el horario hay horas, digamos, a las 11.32, o a las 2.16. Y uno ríe o descree, porque, ¡cómo pues!, 11.30 será, u 11.40, ¿cómo pues 11.31? Pero cuando una va a la parada, el horario dice 11.32 ¡y el bus pasa a las 11.32! ¡Bien raro! Y hay que decir que rara vez se atrasa. Y si lo hace son dos o tres minutos. Y claro, el bus no pasa cada dos minutos, sino cada quince o veinte, a veces más, entonces toca esperar. Uno está bien mal acostumbrado a como se vive en La Paz, a salir a la calle, nada de buscar parada, ni siquiera esquina, hacer parar al primer minibús, o trufi, y si se pasa, otros cinco vienen en menos de treinta segundos. Y claro, esto último genera caos, cosa que acá no se podría. Porque todo tiene su canal, sus regulaciones, no hay nada que se salga de regla. Y si algo se sale del canal respectivo, lo acomodan al tiro. La sociedad de acá se volvería loca con cientos de minibuses, como abejas, o radio taxistas a toda velocidad, en La Paz a veces uno no sabe de dónde han salido, como si vinieran de otra dimensión, pero ¡zaz!, ahí aparecen, de pronto ‘¿A dónde joven?’ Y cuando uno se sube a un bus por acá tiene que pagar con cambio justo. Y no se da el dinero al chofer, sino a una máquina. Y tiene que ser cabal, porque la máquina no te da cambio, y si has dado demás te aguantas. Y ahí uno extraña a los minibuseros, el ya clásico ‘¿no tiene suelto nomás joven?’, o ‘aceptale nomás, en la gasolinera vamos a hacer cambiar.’ Uno mira al conductor del bus, bien uniformado, que te mira cómo haces para poner las moneditas, o la tarjetita que uno puede comprar por adelantado, y cuando estás sentado, recién parte, nada de irte a dar contra el vidrio por el arranque repentino que el chofer del minibús en La Paz ha estado disque obligado a hacer porque otro minibús viene merodeando. Y uno va en el bus, así, bien tranquilo, sentadito, todo en silencio, ¡no hay música!, uno no sale cantando el último hit de cumbia, y si quieres usar tu radiecita, walkman, ipod o lo que sea, el chofer te mira y te dice ‘no.’ Y así vas yendo, por un solo carril, sin que el bus trate de pasar a otro violentamente. Y cuando uno quiere bajar, no grita ‘¡esquinaaa!’, ‘¡esquina he dicho!’, uno jala una como pita y se prende un foco con un sonido característico ‘plín,’ y el bus parsimoniosamente llega a la siguiente parada, uno se baja… en la parada, valga la redundancia, no a media cuadra, ni cuando al chófer le dé la gana. Uno se impresiona de todo el orden en que van las cosas. Y aunque el orden a veces sea mejor, uno no deja  nomás de extrañar un poco el caos, la música, los empujones, los olores, las carreras. Uno no puede dejar de ser de donde es. Pero así, así se toma bus por aquí.  

Friday, February 15, 2013

Sobre el concepto de yapa y refill


Stopping soda thieves

Como se podrá suponer, por aquí no existe el concepto de yapa. Y la razón no es que no te quieran dar yapa, sino que no hay con quien hablar, a quien pedirle, es decir, no hay casera o casero. Porque la yapa tiene sentido cuando hay una persona en frente, alguien con quien discutir el precio o el peso del producto. Por otro lado, creo que la yapa existe cuando hay posibilidad de inexactitud, se duda, entonces se dice, ‘yapame pues casero, casera, muy poco me estás dando’, y la mayoría de las veces te dicen ya, y te dan un poco más de lo que sea que estés comprando.’ El tema es que por aquí los mercados, a menos que sean ferias semanales puntuales, son siempre supermercados, y ni cómo pedirle yapa a la cajera. Así que no. Por aquí no hay yapa, pero hay refill. Es decir, la posibilidad de volver a llenar el vaso de refresco o taza de café cuantas veces quieras. Funciona sobre todo en establecimientos de comida rápida. La primera vez que se escucha sobre el hecho o se experimenta es un shock, uno dice a sus adentros, “¿¿ en serio??, ¿¿puedo volver a llenar el vaso?? Y a uno le viene a la mente los recuerdos de la infancia, las veces que te negaron el segundo vaso de refresco, ‘puedes tener un poco más luego de que comas tu sopa’, o el hermano mayor que te dice ‘es un vaso nomás para cada uno, y uno y medio para mí, ¡porque yo he ido a comprar!’ Y uno corre rápido a la fuente de refrescos a apretar rápido el botón y ver que salga el líquido espumoso, del color que uno quiera, negro, anaranjado, transparente, abundante, el líquido tan precioso, tan todo, ¡Coca Cola gratis!, hasta que esté lleno hasta al borde y tomar, una y otra vez y otra vez, y uno agarra el vaso y grita refillll! Claro que eso es sólo la primera vez o la segunda, máximo. Más de dos veces ya se hace difícil, porque ya no te entra, y el nivel de azúcar te llega a donde te tiene que llegar y te quedas tieso y ya ni siquiera comes tu hamburguesa o lo que estés comiendo. Así que más o menos no hay posibilidad de abuso, todo está calculado. Por otro lado, por aquí las gaseosas son más baratas que el agua, así que no le duele a nadie. Te dan nomás, tome, tome más. Claro, a quien te vende no le interesa la diabetes o la obesidad que te pueda dar luego. Además, se supone, el refill es personal, es decir, no puedes llenar para otra persona… se supone. Y me imagino inevitablemente algo así en La Paz, y como que no funcionaría la cosa. Porque de seguro en una mesa entre cinco changos irresponsables se comprarían un solo refresco y a punta de refill todos tomarían y la gaseosa se acabaría en un santiamén, y acabaría en lío, ‘me tienen que pagar cinco refrescos caballero, ‘pero señora, sólo hemos comprado uno, y ahí dice rrrefill,’ ‘sí, pero no hay que abusar tampoco caballero.’, ‘no soy caballero, soy joven.’ Y así. Es por eso que hay cosas que funcionan en un lugar y en otros no. Por acá no funciona la yapa, si uno se animara a pedirla, te mirarían largo y tendido diciéndote ‘¿cómo?’ Y en Bolivia no puede haber refill. ¡Ay de quien se anime! 

Sunday, February 10, 2013

Sobre cómo lava la gente su ropa

Self Service Laundromat | Home Style Laundry and Dry Cleaners

Como se supondrá por aquí la gente también lava su ropa y lo hace muy parecido a como lo hacen en muchos otros países: en una lavadora. Y como se supondrá también la ropa se seca generalmente en una secadora. En general en las pequeñas ciudades la gente tiene lavadora y secadora en sus casas e incluso apartamentos. O sea, lavar la ropa no es un acontecimiento mayor de la actividad semanal, porque uno puede poner la ropa a lavar en cualquier momento. Lo que llama la atención es lo que no hay. Y respecto a nuestro tema, lo que no hay es una pila lavandería, es decir, el lugar donde se lava la ropa. No hay. Así que se hace difícil enjuagar las cosas, si uno quiere darle una jabonada previa a algunos pantalones percudidos por ejemplo, no se puede, y si es urgente se lo hace en la tina. Y también es un problema cuando se quieren lavar los ‘kits.’ Hay gente que llega incluso a ponerlos en la lavadora con el resto de la ropa. Cosa que para alguna gente sería impensado, o hasta un escándalo (en esto último pienso en mi mamá diciéndome ‘¿cómo vas a poner los kits en la lavadora?, ¿cómo?, ¡eso hay que frotar una y otra vez, cepillar fuerte hasta que salga todo!). Y claro, la lavandería también falta para inflar globos. Aunque esto no es tan problemático por acá porque el carnaval no se celebra, así que si uno infla globos no es para inmiscuirse en batallas vecinales grandiosas, sino para acordarse de cómo era el carnaval en Bolivia, es decir, por nostalgia. Y por consecuencia tampoco hay alambre o pitas para secar la ropa. O sea, no hay posibilidad de ponerle doble gancho a las cosas ligeras, o correr afuera cuando empieza a llover escuchando ‘¡andá a recoger la ropa rápido!, te he dicho que la recojas hace rato, te he dicho!’, o olvidarse de la ropa una semana y verla marcada con el sarro del alambre, esa parte no hay. Todo se hace adentro. Y si uno no tiene lavadora en la casa tiene que ir a lavar a una lavandería a la calle, entendiendo lavandería no como la pila donde se lava, sino el negocio que tiene decenas de lavadoras y secadoras. En general se paga con monedas. En Ohio había un lugar donde se pagaba con tarjeta de crédito. Cada máquina tenía uno de esos sistemas donde uno pasa la tarjeta. Apenas lo vi me puse a pensar irremediablemente en las lavanderas en La Paz, imaginándome un día que ellas también cobren a la gente con tarjeta de crédito, al final del trabajo sacando de su bolsita o su agüayo un aparatito negro ‘son dos docenas señora, secada más, más las alfombras, 50 Bs., présteme su tarjeta la voy a pasar a la máquina, ¿quiere recibo?, muchas gracias, nos vemos la próxima semana.’ Y así, las cosas que uno ve y no ve de vez en cuando.