Saturday, September 21, 2013

Sobre cómo la gente recoge la fruta


U-Pick Apples - Tanners Orchard

Es interesante la manera en que la gente recoge su fruta por aquí. Me explico. Hay lugares donde uno puede ir a recoger fruta directamente del árbol. Por donde estoy generalmente manzanas, frutillas y algunas moras. Uno va a la huerta en cuestión, te dan una bolsa o canastita y uno puede recoger la fruta que quiera, uno puede de ir de árbol en árbol, de arbusto en arbusto, escoger, ver si esta maduro, y así. Uno va a la entrada, pesan la fruta, uno paga y se va. Generalmente no es barato, es bastante más caro que en el supermercado, se supone que uno no está pagando sólo por la fruta, sino por la experiencia de poder agarrarla del árbol. Y esto por supuesto es extraño para mí. Porque… ¡cómo pues!... si uno tiene que ir a recoger la fruta uno mismo, debería ser mas barato, ¿no ve?, estoy haciendo el trabajo de alguien más que debería recoger la fruta y llevarla al mercado, pero encima me cobran por hacerlo yo mismo. Es como si uno pudiera ir a una granja, agarrar la gallina que uno quiera, matarla y llevarla a la casa y pagar más, a pesar de haberse tenido de salpicar de sangre de pies a cabeza porque es difícil matar a una gallina, a pesar de lo que digan, o ir a un pastizal, agarrar a una vaca, hacer todo el procedimiento yo y pagar más… hay algo que no cuadra. No me imagino en Bolivia yendo al altiplano a recoger mis propias papas y pagar más, o sea, o ir a los yungas a cosechar mandarinas y pagar el doble.... Se supone que la experiencia vale. Y creo que vale porque por aquí de una manera u otra hay una distancia grande entre lo citadino y lo campestre, la naturaleza ya se ha vuelto muy remota y para poder experimentarla directamente hay que pagar, y no barato. Lo real, lo normal se ha vuelto cada vez más escaso. No deja de ser interesante sin embargo, porque es bien popular el asunto por aquí.


Saturday, September 14, 2013

Sobre cómo la gente pasea a sus perros

Let's walk the dog — Rob Campbell Leadership

Es interesante la manera en que se razona el tener perro por aquí, bien diferente de donde he crecido, Villa Fátima en La Paz. Y lo que más llama la atención es la relación de las personas con las heces de sus mascotas, me explico. Cada vez que alguien saca al perro a pasear, lo hace con una bolsita plástica. Va detrás del perro mientras éste se divierte yendo de aquí allá, pero nunca suelto, y siempre con correa. Entonces al animalito le dan ganas de hacer el dos, inevitablemente, hace, y el dueño se agacha y recoge la masa del piso y la pone en la bolsita, bueno, en realidad, el dueño mete la mano en la bolsita, se la pone como un guante y como cirujano con la mano levanta la materia fresca y calentita, amarra la bolsita y la pone en el basurero. Así cuantas veces al perrito se le ocurra ‘entrar,’ digamos, como diría mi abuela. A veces uno ve las bolsitas por el piso, y uno dice ‘¿cómo pues?, ¿por qué en el piso?, ¿por qué no en el basurero?, ¡qué gente esta!,’ pero luego uno se entera que las dichas bolsitas son biodegradables, así que no pasa ser considerada basura. Y si al animalito se le ocurre hacer el uno, ahí no hay lío, hace nomás, en este caso el dueño no se agacha para secar nada, ni ninguna llanta, ni ningún árbol. Así es. Y todos los que tienen perritos hacen eso. Esto por supuesto es tema de otro mundo. En Villa Fátima uno nunca se imaginaría ver a nadie detrás de su perro recogiendo lo que no le sirve, eso uno, dos, uno bien difícilmente vería un perro con correa, tres, bien bien difícil ver a los perros con el dueño cerca, en el noroeste de La Paz, los perros son super independientes. Otro mundo, en el que el agacharse o no agacharse detrás del perrito define la cuestión.


 

Monday, September 2, 2013

Sobre lo ordenado e impecable de todo

Burlington, Vermont metropolitan area - Wikipedia

Una de las cosas que impactan al estar acá, en especial para un recién llegado o alguien que ha vuelto de vacaciones, es lo impecable de todo… pero todo. El tráfico super ordenado, cada uno respetando su carril, la gente es amable, se detiene en los pasos peatonales, pide permiso con una sonrisa, los jardines de las casas, que casi nunca tienen rejas, son impecables, el césped de dibujos animados, las casitas con su chimenea, el humo perfecto subiendo al cielo, todo exageradamente señalizado, le gente espera su turno en las filas, hasta lo silvestre parece ordenado, todo en su lugar y con un colorcito bien marcado… uno se siente en pitufilandia. Claro dependerá de donde uno viva, acá en Vermont hay días que es así...  pitufilandia. Y cuando uno llega recién, a uno le molesta todo eso, uno duda, como es posible, todo tan… perfecto. Es que en Bolivia somos bien walaychos, no hay nada que hacer, pero uno extraña la “walaychez”, el cruzar la calle por el medio esquivando autos, decirle al chofer ‘aprovecharé maestro’, ignorar a los peatones y los peatones ignorar a los autos… es que la ‘walaychez’ permite el diálogo y el poder charlar, los límites son bien flexibles, nada es rígido, por acá todo es impecable, pero rígido como una piedra… no hay espacio para el diálogo… probar hablar con un policía cuando te ha parado, imposible, te haces pis porque son grandes y muchas veces sobre alimentados, ¿no me podría dar más barato?... te miran largo y te dicen ¿¿cómo??... no se puede. Todo tiene sus ventajas y desventajas. Vivir en lo impecable tiene precio, el ser walaycho también, al final parece que uno no puede dejar de ser lo que es… si vives por aquí tienes que aceptar el deswalaycharte, y si vives allá tienes nomás que abrazar lo walaycho, sino uno vive triste y reprimido y ahí está el quid del asunto.