
Es bien interesante el tema de los campamentos para niños y adolescentes en el verano por aquí. Cuando termina el año escolar y empieza el verano (junio - finales de agosto), a los hijos se los inscribe en campamentos de todo tipo, campamento de básquet, campamento de fútbol, campamento de natación, campamento popurrí, etc., no es que se acampe con carpa, es sólo el nombre, generalmente duran de ocho de la mañana a cuatro de la tarde, y duran una semana o dos. Son bien útiles para las familias en donde los dos papás trabajan, porque si no, ¿qué hacer con los hijos durante el día? Y cuando acaban un campamento se los inscribe en otro, y otro, así, hasta que terminan las vacaciones. No son baratos, pero a veces no queda otra. Esto en general, claro, no todas las familias lo hacen pero muchas sí. Y me pone a pensar en qué hacían mis papás con nosotros en las vacaciones. Alguna vez nos mandaban lejos a visitar a los abuelos, a los tíos, pero siempre a familia. En mi caso mi mamá aprovechaba para darnos instrucción de supervivencia en los yungas, tres meses sin tele, comiendo lo que dieran los árboles y la tierra, matando una que otra gallina y dejando alegremente que los mosquitos nos comieran, siempre en reciprocidad con la naturaleza, digamos. Por aquí es diferente. Hay otros campamentos más largos, y más caros, en donde sí se acampa, para gente bien pudiente, de uno o dos meses, se los manda a los hijos a que estén ahí, por el bosque, con otros hijos todas las vacaciones, divirtiéndose, eso seguro. Es parte de la cultura de por aquí, hacer que los hijos se independicen lo más pronto posible, y mientras más lejos mejor, para que aprendan a valerse por sí mismos, y ser responsables de ellos mismos, solos, no esperar a que ninguna abuelita o tía te esté preparando el sándwich de palta a las diez de la mañana, para eso se los prepara, para la sociedad que los espera, sociedad de individuos, es bien diferente, mejor o peor, no sé, pero diferente sí.
