Es interesante por aquí la manera en que
la gente va a acampar. Dependiendo de donde uno esté, es una de las actividades
favoritas de las personas a hacer en el verano. Uno agarra su carpa, prepara la
comida, el sleeping y se va. En general donde uno va a acampar es a lugares
designados para acampar, valga la redundancia, muy rara vez se va a lo natural,
en realidad, casi nunca. Estos lugares designados tienen todo lo que uno
necesita para acampar, lugares bien planos rodeados de arbolitos, y bien
marcados con número, con techo o sin techo, agua potable, si quieres tu lugar
con enchufes, también hay, si quieres con internet, también hay, baños, duchas,
tienda, o sea… ¡todo! Por supuesto, es bien diferente a la experiencia a
acampar en Bolivia, donde, en general, uno acampa en medio de la nada, a lo
silvestre. O sea, es bien bonito por aquí ir a acampar sabiendo que uno va a
encontrar todas las comodidades, sabiendo que uno va a tener un inodoro y papel
higiénico y no necesidad de ir a buscar algún árbol que esté lejos y alguna
hoja seca o piedrita que haga el trabajo, es como que se anula al máximo posible
el sentido de indeterminación, y creo que ahí está el tema. Y me hace pensar en
la sensación que tengo que la naturaleza, en general, por aquí está bien
domesticada, que experimentar la naturaleza por aquí es radicalmente diferente
a experimentarla en otros lados. Es el mismo verbo “acampar”, pero dependiendo
de donde uno esté, aquí o allá, significan cosas diferentes, como los ‘sube y
baja’ de los parques, tema a tratarse en el siguiente post, igual, ¡pero
diferente!