Saturday, January 26, 2013

Sobre el tema de los abrazos y las muestras de afecto


Why We Need a Hug Now!

Es interesante el tema del abrazarse por aquí. Uno de los primeros shocks culturales que tuve apenas llegado fue el día cuando por primera vez puse pie en la facultad donde iba estudiar los siguientes cuatro años. La primera persona que vi fue a la secretaria académica, aquella con quien había intercambiado decenas de correos electrónicos durante todo el proceso de postulación e ida a la universidad, le había escrito mucho más que a nadie en mi vida. Por fin la conocía en persona, después de tantos trámites, esfuerzo y sustos, y por supuesto, luego de presentarme y saber quién era, me nació el impulso profundo de abrazarla, agradecerle por todo lo que había hecho por mí y decirle ‘¡Por fin nos conocemos, ya estoy aquí, después de tanto!’ Y cuando estuve en medio de la ida al abrazo, cuando me podía ver en cámara lenta yendo al encuentro con toda emoción, se paró frente a mí con una sonrisa amable, en Ohio siempre te sonríen amablemente, y me tendió la mano haciéndome entender que el abrazo estaba fuera de lugar. Y así me quedé, con la emoción y el abrazo interruptos. Lo cierto es que aquí los abrazos no son muy frecuentes, sólo se dan en ocasiones especiales, sobre todo entre familiares o amistades cercanas, como una despedida o una bienvenida, o en algún feriado importante, algún logro, como una graduación o algo así, y claro, también se dan cuando se está pasado de copas, pero ese es otro tema que será tratado a su debido tiempo. Estoy hablando de los abrazos conscientes. No es una práctica común, y se la desincentiva desde muy temprano, casi desde la guardería. En estos lugares de educación temprana, no te dicen que abrazar es malo, sino que es peligroso para los niños, especialmente si se abrazan entre ellos, como no saben hacerlo, te explican, se pueden lastimar al apretar muy fuerte o chocarse las cabezas, dependiendo del grado de afecto, puede resultar mortal. Así que en muchos lugares está prohibido, y besar en la mejilla mucho menos, pero ése es otro tema. A veces te dan la explicación que es simplemente para evitar transmitir virus. Y cuando uno está enfermo se puede entender, pero ¿cuándo uno no está enfermo? Por supuesto el otro extremo tampoco es bueno, el estar abrazándose todo el tiempo, porque hay gente que abusa del afecto, que al primer descuido ya no sólo es abrazo, sino también un pellizco. Tampoco es así. Lo cierto es que acá los espacios, reales e imaginarios, están muy bien marcados, desde los carriles en las autopistas y las calles, pasando por las horas en que debes divertirte, hasta los espacios personales e íntimos en donde a veces la única manera de llegar a la otra persona es a través de un sonrisa que tenga suerte de atravesar la cerca. Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que mientras más se conocen a las personas la cerca se hace más baja. Ya no con vidrio partido por encima para que no entren ladrones, como en muchas casas de Villa Fátima en La Paz, por ejemplo. ¡Ay del que se anime a entrar!

Thursday, January 17, 2013

Sobre el horario de fiestas, reuniones y encuentros


Qué se celebra el 4 de julio en Estados Unidos?

Hasta antes de llegar a los Estados Unidos nunca me había puesto a pensar en la necesidad de dejar claro a qué hora termina una fiesta, o una reunión o un encuentro cualquiera. Nunca. Aquí es muy importante. En Bolivia, cuando invitas a alguien a algo dices ‘vénganse a las 8 a mi casa,’ o ‘vamos a tener una reunión el viernes a las 9.’ Ni siquiera se piensa en la necesidad de marcar el punto final, ¿para qué?, dirá uno, nunca sabe a qué hora terminarán las cosas, o lo que pueda suceder, uno se entrega nomás a la indeterminación y desde ahí uno existe. Aquí te llegan invitaciones que dicen ‘estás invitado a mi fiesta de cumpleaños, este viernes de 7 a 9.30’, o ‘ven a mi fiesta de año nuevo de 11.00 pm a 1.00 am’, o ‘¿pueden nuestros hijos jugar de 3 a 4.30?' Y cuando uno está en lo mejor de la fiesta, cuando los motores están arrancando, en la fiesta de 7 a 9.30 por ejemplo, llegan las 9.25 y todos, pero todos, empiezan a irse, y ves a los anfitriones recogiendo las cosas, empezando a barrer, la aspiradora empieza a sonar, todo muy puntual, y te dejan con las ganas, con el vaso a medias, la camisa por fin remangada, te pasan tu abrigo y te dicen ‘gracias por venir’, y así te tienes nomás que ir. Al principio es un shock, pero luego, como a todo, uno se acostumbra. Y en el proceso de acostumbramiento, entra a funcionar la necesidad de domesticar nuestra famosa y nunca muy bien ponderada hora boliviana. Porque a las fiestas de 7.00 a 9.30, como buen boliviano, generalmente llegaba a las 7.40 más o menos, ‘para no ser el primero’ diciendo siempre como excusa, ‘si estamos a las ocho está bien.’ Pero luego, como el intervalo de tiempo y de encuentro está absolutamente demarcado y regulado, uno empieza a llegar automáticamente a las 7.00 o 7.10 máximo, no tanto por ser puntual, sino sobre todo para no perderse la diversión y darle su espacio a la energía que quiere salir. Uno le dice al cuerpo, hoy te vas a divertir como condenado, te vas a relajar y vas a gozar… de 7.00 a 9.30.  Uno empieza entender y aprender lo importante y lo normal que es aquí ponerle horario a las pasiones.

Tuesday, January 8, 2013

Mapquest, Google Maps y GPS

Sygic GPS Navigation Soon to be Available via Android Auto - Sygic |  Bringing life to maps

Cuando te invitan a algún lugar nuevo, lo primero que dices es ‘¿y ahora?, ¿cómo llego? Y ahí nomás te das cuenta que estás en otro lado. Es que algo interesante de por aquí es que cuando sea que hay que ir a alguna parte manejando, porque se maneja para todo y para nada, se pone los datos en la computadora (en Mapquest o ahora el más popular Google Maps) y ¡zas! te aparece casi mágicamente todas las direcciones que hay que tomar, todas, pero todas, paso a paso, con mapa incluido si quieres, sin posibilidad de improvisación: cuántas millas hay que ir (y creo que también se puede cambiar a kilómetros, al principio cuesta eso de las millas, pero después uno se acostumbra como a todo), dónde hay que doblar, dónde puedes comer, cuánta distancia tienes que ir, si quieres tomar una ruta alternativa, todo, bien eficiente la cuestión. Por supuesto hay gente que exagera y para todo lo usa, hasta para ir al supermercado. Y si no es eso se usa el GPS, que ahora está hasta en los teléfonos, eso que hasta hace poco sólo usaban los ingenieros, me acuerdo todavía escuchar a gente decir ‘tengo que prestarme GPS para mi trabajo de campo, no sé qué voy a hacer, difícil es conseguir’, o algo así. El GPS es interesante porque no sólo te muestra dónde hay que doblar (tiene mapa y es medio interactiva la cosa) sino que también te lo dice, una voz femenina generalmente, uno la imagina siempre bien sensual, ¿por qué será no?, pero se puede también cambiar a voz masculina claro, también de idioma, hasta incluso creo de acento, si uno quiere una voz caribeña, o argentina digamos, se puede. El GPS también lo usan frecuentemente, aunque nadie quiera admitirlo, los que salen de fiesta y vuelven con copas; como no se acuerdan dónde viven, y ya tienen la dirección grabada en el aparato, solo ponen ‘go’, y sumergidos en la irresponsabilidad van manejando despacio por la noche, escuchando a todo volumen ‘doble por aquí, luego aquí’, y así. Otro mundo. Y claro, irremediablemente, la primera vez que he experimentado el asunto me he puesto a pensar lo diferente que sería en Bolivia, en cualquier ciudad, especialmente si uno vive en una de las villas alejadas, donde los nombres de las calles no están bien demarcados, a veces las casas no tienen número, etc., sería un poco diferente, no imposible, pero diferente.  Hasta cierto punto sería igual, hasta cierto punto, luego cambiaría la naturaleza de las direcciones: ‘doble a la derecha en la calle Alcoche, luego de dos kilómetros doble a la izquierda en la calle Coroico, siga tres cuadras, en la esquina que tiene un garaje con puerta de calamina, vaya recto hasta llegar a la tiendita que tiene banderita blanca, pregunte por doña Candelaria quien le dirá cómo llegar a la calle Puente Villa, ya en la calle Puente Villa, y desde la esquina en que de la vuelta, cuente tres puertas empezando por la casa que tiene medidor, entonces habrá llegado a su destino, Puente Villa 1527. 

Wednesday, January 2, 2013

Memorias desde el "desarrollo"


Miami airport among best in North America, J.D. Power says | Miami Herald

Unas de las primeras cosas que hice después de pasar migración en el aeropuerto en Miami fue ir a buscar algo de comer. Justo y necesario. Absolutamente ignorante del medio fui a caminar en ese aeropuerto inmenso, que de verdad es grande si se lo compara con el macizo de El Alto. Y después de unas cuantas vueltas fui a dar a “Burger King”, y tengo que decir que me alegré, porque mi referencia inmediata era el Burger King de La Paz, y me dije, ‘ahora sí, me voy a dar un banquete, me lo merezco.’ Porque en La Paz, toda vez que había ido a Burger King había sido siempre en alguna ocasión especial. Y así fui. Y ya el ambiente me pareció diferente, los que atendían no parecían muy felices, sus uniformes nada impecables, y el olor del restaurant mismo era diferente al que tenía en mi imaginación. Me sorprendió el precio por lo barato. Menos de cinco dólares, no sólo la hamburguesa, sino todo el combo, con papitas y refresco. Y ya eso me hizo dudar del asunto. ¿Es que todo será así de barato? Sólo tiempo después me iba a dar cuenta que Burger King aquí no es el mismo que el de allá y que la Coca Cola por estos lados es más abundante y más barata que el agua que sale del grifo. Es así. Y tengo que decir que fue una de las primeras cosas que me hizo pensar que estaba en otro lado, y en la gran diferencia que hay entre el mundo de la televisión y el cable, y al que uno llega cuando aterriza en cualquiera de los vuelos directos La Paz – Miami.