Mapquest, Google Maps y GPS

Cuando
te invitan a algún lugar nuevo, lo primero que dices es ‘¿y ahora?, ¿cómo
llego? Y ahí nomás te das cuenta que estás en otro lado. Es que algo
interesante de por aquí es que cuando sea que hay que ir a alguna parte manejando, porque se maneja para todo y para nada, se pone los datos en la
computadora (en Mapquest o ahora el más popular Google Maps) y ¡zas! te aparece
casi mágicamente todas las direcciones que hay que tomar, todas, pero todas,
paso a paso, con mapa incluido si quieres, sin posibilidad de improvisación: cuántas
millas hay que ir (y creo que también se puede cambiar a kilómetros, al
principio cuesta eso de las millas, pero después uno se acostumbra como a
todo), dónde hay que doblar, dónde puedes comer, cuánta distancia tienes que
ir, si quieres tomar una ruta alternativa, todo, bien eficiente la cuestión. Por
supuesto hay gente que exagera y para todo lo usa, hasta para ir al
supermercado. Y si no es eso se usa el GPS, que ahora está hasta en los teléfonos,
eso que hasta hace poco sólo usaban los ingenieros, me acuerdo todavía escuchar
a gente decir ‘tengo que prestarme GPS para mi trabajo de campo, no sé qué voy
a hacer, difícil es conseguir’, o algo así. El GPS es interesante porque no sólo
te muestra dónde hay que doblar (tiene mapa y es medio interactiva la cosa)
sino que también te lo dice, una voz femenina generalmente, uno la imagina siempre
bien sensual, ¿por qué será no?, pero se puede también cambiar a voz masculina
claro, también de idioma, hasta incluso creo de acento, si uno quiere una voz
caribeña, o argentina digamos, se puede. El GPS también lo usan frecuentemente,
aunque nadie quiera admitirlo, los que salen de fiesta y vuelven con copas;
como no se acuerdan dónde viven, y ya tienen la dirección grabada en el aparato,
solo ponen ‘go’, y sumergidos en la irresponsabilidad van manejando despacio
por la noche, escuchando a todo volumen ‘doble por aquí, luego aquí’, y así.
Otro mundo. Y claro, irremediablemente, la primera vez que he experimentado el
asunto me he puesto a pensar lo diferente que sería en Bolivia, en cualquier
ciudad, especialmente si uno vive en una de las villas alejadas, donde los
nombres de las calles no están bien demarcados, a veces las casas no tienen
número, etc., sería un poco diferente, no imposible, pero diferente. Hasta cierto punto sería igual, hasta cierto
punto, luego cambiaría la naturaleza de las direcciones: ‘doble a la derecha en
la calle Alcoche, luego de dos kilómetros doble a la izquierda en la calle
Coroico, siga tres cuadras, en la esquina que tiene un garaje con puerta de
calamina, vaya recto hasta llegar a la tiendita que tiene banderita blanca, pregunte
por doña Candelaria quien le dirá cómo llegar a la calle Puente Villa, ya en la
calle Puente Villa, y desde la esquina en que de la vuelta, cuente tres puertas
empezando por la casa que tiene medidor, entonces habrá llegado a su destino,
Puente Villa 1527.
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