
Es
interesante el tema del abrazarse por aquí. Uno de los primeros shocks culturales
que tuve apenas llegado fue el día cuando por primera vez puse pie en la
facultad donde iba estudiar los siguientes cuatro años. La primera persona que
vi fue a la secretaria académica, aquella con quien había intercambiado decenas
de correos electrónicos durante todo el proceso de postulación e ida a la
universidad, le había escrito mucho más que a nadie en mi vida. Por fin
la conocía en persona, después de tantos trámites, esfuerzo y sustos, y por
supuesto, luego de presentarme y saber quién era, me nació el impulso profundo
de abrazarla, agradecerle por todo lo que había hecho por mí y decirle ‘¡Por
fin nos conocemos, ya estoy aquí, después de tanto!’ Y cuando estuve en medio
de la ida al abrazo, cuando me podía ver en cámara lenta yendo al encuentro con
toda emoción, se paró frente a mí con una sonrisa amable, en Ohio siempre te
sonríen amablemente, y me tendió la mano haciéndome entender que el abrazo
estaba fuera de lugar. Y así me quedé, con la emoción y el abrazo interruptos. Lo cierto es que aquí los
abrazos no son muy frecuentes, sólo se dan en ocasiones especiales, sobre todo
entre familiares o amistades cercanas, como una despedida o una bienvenida, o
en algún feriado importante, algún logro, como una graduación o algo así, y
claro, también se dan cuando se está pasado de copas, pero ese es otro tema que
será tratado a su debido tiempo. Estoy hablando de los abrazos conscientes. No
es una práctica común, y se la desincentiva desde muy temprano, casi desde la
guardería. En estos lugares de educación temprana, no te dicen que abrazar es
malo, sino que es peligroso para los niños, especialmente si se abrazan entre
ellos, como no saben hacerlo, te explican, se pueden lastimar al apretar muy
fuerte o chocarse las cabezas, dependiendo del grado de afecto, puede resultar
mortal. Así que en muchos lugares está prohibido, y besar en la mejilla mucho
menos, pero ése es otro tema. A veces te dan la explicación que es simplemente
para evitar transmitir virus. Y cuando uno está enfermo se puede entender, pero
¿cuándo uno no está enfermo? Por supuesto el otro extremo tampoco es bueno, el
estar abrazándose todo el tiempo, porque hay gente que abusa del afecto, que al
primer descuido ya no sólo es abrazo, sino también un pellizco. Tampoco es así.
Lo cierto es que acá los espacios, reales e imaginarios, están muy bien
marcados, desde los carriles en las autopistas y las calles, pasando por las
horas en que debes divertirte, hasta los espacios personales e íntimos en donde
a veces la única manera de llegar a la otra persona es a través de un sonrisa
que tenga suerte de atravesar la cerca. Sin embargo, la experiencia me ha
enseñado que mientras más se conocen a las personas la cerca se hace más baja.
Ya no con vidrio partido por encima para que no entren ladrones, como en muchas
casas de Villa Fátima en La Paz, por ejemplo. ¡Ay del que se anime a entrar!
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