
Como se
podrá suponer, por aquí no existe el concepto de yapa. Y la razón no es que no
te quieran dar yapa, sino que no hay con quien hablar, a quien pedirle, es
decir, no hay casera o casero. Porque la yapa tiene sentido cuando hay una
persona en frente, alguien con quien discutir el precio o el peso del producto. Por
otro lado, creo que la yapa existe cuando hay posibilidad de inexactitud, se
duda, entonces se dice, ‘yapame pues casero, casera, muy poco me estás dando’,
y la mayoría de las veces te dicen ya, y te dan un poco más de lo que sea que estés
comprando.’ El tema es que por aquí los mercados, a menos que sean ferias
semanales puntuales, son siempre supermercados, y ni cómo pedirle yapa a la
cajera. Así que no. Por aquí no hay yapa, pero hay refill. Es decir, la posibilidad de volver a llenar el vaso de
refresco o taza de café cuantas veces quieras. Funciona sobre todo en establecimientos de comida rápida. La primera vez que se escucha sobre el hecho o
se experimenta es un shock, uno dice a sus adentros, “¿¿ en serio??, ¿¿puedo
volver a llenar el vaso?? Y a uno le viene a la mente los recuerdos de la
infancia, las veces que te negaron el segundo vaso de refresco, ‘puedes tener
un poco más luego de que comas tu sopa’, o el hermano mayor que te dice ‘es un
vaso nomás para cada uno, y uno y medio para mí, ¡porque yo he ido a comprar!’ Y uno corre rápido a la fuente de refrescos a apretar rápido el botón y ver
que salga el líquido espumoso, del color que uno quiera, negro, anaranjado,
transparente, abundante, el líquido tan precioso, tan todo, ¡Coca Cola gratis!,
hasta que esté lleno hasta al borde y tomar, una y otra vez y otra vez, y uno
agarra el vaso y grita refillll! Claro
que eso es sólo la primera vez o la segunda, máximo. Más de dos veces ya se
hace difícil, porque ya no te entra, y el nivel de azúcar te llega a donde te
tiene que llegar y te quedas tieso y ya ni siquiera comes tu hamburguesa o lo
que estés comiendo. Así que más o menos no hay posibilidad de abuso, todo está
calculado. Por otro lado, por aquí las gaseosas son más baratas que el agua, así
que no le duele a nadie. Te dan nomás, tome, tome más. Claro, a quien te vende
no le interesa la diabetes o la obesidad que te pueda dar luego. Además, se
supone, el refill es personal, es
decir, no puedes llenar para otra persona… se supone. Y me imagino inevitablemente
algo así en La Paz, y como que no funcionaría la cosa. Porque de seguro en una
mesa entre cinco changos irresponsables se comprarían un solo refresco y a
punta de refill todos tomarían y la
gaseosa se acabaría en un santiamén, y acabaría en lío, ‘me tienen que pagar
cinco refrescos caballero, ‘pero señora, sólo hemos comprado uno, y ahí dice rrrefill,’ ‘sí, pero no hay que abusar
tampoco caballero.’, ‘no soy caballero, soy joven.’ Y así. Es por eso que hay
cosas que funcionan en un lugar y en otros no. Por acá no funciona la yapa, si
uno se animara a pedirla, te mirarían largo y tendido diciéndote ‘¿cómo?’ Y en
Bolivia no puede haber refill. ¡Ay de quien se anime!
No comments:
Post a Comment