
Es interesante cómo celebra la gente aquí Halloween. Que es más o menos donde se celebra la versión oficial de dicha fiesta, por así decir. Porque como se ha propagado, se celebra en todo lado, hasta en La Paz, no sé si el asunto habrá llegado a Villa Fátima. Bueno, el Halloween aquí es una fiesta para niños y para grandes. Los niñitos, como es sabido a través de la televisión y las películas, preparan su calabazas con tiempo, se disfrazan de sus cosas favoritas, que no siempre tiene que ver con el miedo o el terror, simplemente se disfrazan, y van, a eso de las 6 de la tarde más o menos, 6.30 a caminar por su barrio a tocar las puertas y pedir dulces, y como todos los niñitos lo hacen al mismo tiempo, hay un mar de disfrazados de todo tamaño caminando entre las 6 y las 8 del 31 de octubre. Es bien benévolo el asunto, dependiendo de donde uno viva, claro. Más tarde, a eso de las 9 o 10, empieza la fiesta de los grandes, y todos, o muchos, se esmeran en sus disfraces. Es una fiesta importante, tan importante que uno no entiende por qué no es feriado, tal vez la más importante luego de navidad y acción de gracias. Y creo que disfrutan mucho porque aquí no hay carnaval, creo que ahí está el asunto, o sea, no tienen el feriado largo para reventarse, disfrazarse, tomarse, ser otro o uno mismo, dependiendo de la persona, no hay. En Halloween es donde pueden sacar todas las ganas de subvertir el orden y tomar las calles en celebración, siempre yendo sobre la vereda, en una noche, y esa es una gran cosa aquí, porque el orden es lo que rige durante todo el año, sólo en la noche de Halloween, un poco, un poquito, se lo ‘desrespeta’, por darle un nombre. No es un día para recordar muertos ni nada parecido, no hay relación aparente con el Dia de los muertos o las al almas, al menos que se haya perdido con el tiempo, es un día para recibir dulces, disfrazarse y reventarse, no hay solemnidad… eso.
En efecto, don Diego, en ausencia de carnaval hay juegos de fútbol y halloween. En los dos casos se disfrazan y aprovechan cualquier concesión hecha por la autoridad. Yo ando viviendo hace un tiempo en un pueblito de Ohio llamado Ashland, y aquí la pedida de dulces es lo más curioso. Los niños no pueden salir cuando quieren, no señor, sino por una hora, el jueves anterior a Halloween, y solo pueden golpear en las casas que tienen la luz exterior prendida. Así que de aquello de liberarse, poco. Creo que tampoco cantan o algo, solo se paran ahí pidiendo dulces. La fascinación por las reglas de esta gente desarrollada....
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