Es interesante la importancia de los sentimientos por aquí. O sea, las marcas en el lenguaje con las que la gente hace referencia a sus sentimientos cuando habla de cosas comunes y corrientes. El “siento que” le ponen a todo. I feel like, en inglés. Es como una salsa que se han acostumbrado a usar para darle sabor y propiedad a lo que dicen. Por ejemplo, en vez de decir “esta no es una buena situación” dicen “siento que esta no es una buena situación.” En vez de decir, “esto se puede mejorar”, dicen “siento que esto se puede mejorar.” Así, para cada cosa. No sé si es la época en que vivimos lo que ocasiona esto. Una época en que los sentimientos han cobrado relevancia y hay que expresarlos a toda costa. ¿Es eso? Ya no hay que reprimir, hay que sacar afuera. También he pensado que se trata de una estrategia para proteger la opinión personal. Porque uno puede atacar la evidencia y las razones. Sí. Pero es siempre más difícil atacar los sentimientos. La cosa se vuelve personal. ¿Estás dudando de lo que siento? Te pueden decir. Y de nada servirían las explicaciones. Lo racional va a perder siempre contra lo sentimental. Otra cosa que me parece interesante es que este fenómeno se dé aquí. En el centro del capitalismo extremo. ¿Será una manera de defensa contra la comodificación de todo? ¿O es que se llegará al punto que hasta los sentimientos puedan ser comodificados? O quién sabe, esto último no sea casualidad. La individualización de la sociedad lleva inevitablemente a la soledad, a la pérdida de sentido del día a día. Por consecuencia, la gente acude al psicólogo con más frecuencia. Quién sabe, sea producto de eso. A responder lo que te preguntan una vez a la semana y que a veces no tiene respuesta: ¿qué estás sintiendo en este momento? Puede ser que en otras sociedades esté pasando lo mismo. Por aquí, observo, ha pasado a lenguaje.
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